Su perro estaba perdido y lo primero que se le ocurrió fue pegar carteles por las calles. Rodrigo se disponía a pegar el primero cuando se detuvo a observar uno en particular.
Decía "Se Busca" y mostraba una muchacha sonriendo felizmente. Decidió poner la foto de su mascota desaparecida al lado de la niña. Alguien se acercó.
-Era mi hermana -era una mujer y sonreía con nostalgia.
-¿En serio? que terrible ¿Sigue desaparecida? ¿La encontraron?.
-Si, hace ya tres años -la voz de la mujer se tornaba solemne.
-A todo esto, me llamo Rodrigo, mucho gusto -dijo extendiendo la mano a lo que ella respondió con un beso en la cara y su nombre a continuación "Amanda".
En ese instante Rodrigo se imaginó encontrando a la niña perdida, convirtiéndose en héroe y siendo admirado por aquella misteriosa mujer que no estaba nada mal. Rápidamente anotó los datos de la desaparecida.
-Carolina Saravia...número de teléfono.... -Rodrigo recitaba cada cosa que anotaba como si fuera una canción.
Ella espero que terminara de anotar y le pasó una servilleta de papel con su nombre y teléfono. Rodrigo se intentó despedir con un beso en la cara, pero ella le estiró la mano. Interpretó el cambio de actitud como propio de alguien que ha pasado por momentos difíciles.
Rodrigo pasó los siguientes cinco días en internet investigando sobre Carolina Saravia. Efectivamente nunca fue encontrada, pero había pasado sólo un año y no tres como decía Amanda. Además la prensa nunca nombró hermana alguna, solo sus padres habían dado declaraciones.
Decidió llamar a Amanda. Una desganada voz femenina contestó:
-Hospital Siquiátrico.
-Buenas tardes, busco a Amanda...Saravia -dijo Rodrigo con duda.
-Comunico... -pasaron algunos segundos y contesto un hombre.
-Buenas tardes.
-Buenas tardes, busco a Amanda Saravia -Rodrigo forzó el tono amable.
-Señor, le cuento. Amanda es una interna, hace unos días se escapó...nuevamente. ¿Tuvo contacto con ella?
-Bueno si...me dijo que tenía una hermana desaparecida...y -Rodrigo ya no sabía que pensar, el hombre lo interrumpió.
-Lo siento mucho, pero son invenciones de ella.
Rodrigo cortó bruscamente, no podía creer lo ocurrido. En eso llegó su madre.
-Rodrigo me dijo don Juan, del negocio de la esquina, que estabas pegando papeles en la calle -su tono duro denotaba enojo.
-Si mamá, de Martin. Le echo de menos -Rodrigo seguía drogado con sus pensamientos.
-¿Martin? -su madre ya estaba frunciendo el ceño.
-El perro mamá.
-Rodrigo ¿sabes qué? no me importa lo que haya dicho el doctor. Nunca hemos tenido un perro, son invenciones tuyas -la última palabra fue casi un grito.
